Mal día para vivir, para soñar, para empezar. La angustia de la soledad me permite darme cuenta de que no hallaré un resto de paz en el día, que hace mucho frío y que el gato no esta. Aun así hay que seguir. Y las discusiones de siempre, las dudas y angustias, las peleas y los desacuerdos. El cansancio que debilita las ganas, que las aburre. El trabajo que las limita. Y entonces un teléfono que suena y su dulce voz que me cambia, que me motiva, que me hace sentirlo tan cerca, tan lindo, tan loco. Y llegando a casa cambia la sonrisa, cambia la vida. El gato ha vuelto.